por Gloria Hutt Hesse, Presidenta COPSA A.G. y Socia Sochitran.
Contexto
Hasta hace pocos años, el ejercicio de proyectar condiciones del futuro, especialmente en transporte, se resolvía razonablemente bien utilizando modelos econométricos desarrollados a partir de variables sociales y demográficas. Las proyecciones, se cumplían dentro de márgenes también estimados con anticipación y entonces las soluciones se diseñaban en términos de las capacidades, más que desde la funcionalidad, que en general no cambiaba significativamente en plazos extensos. Reflejo de ello es, por ejemplo, la vigencia de las antiguas encuestas origen-destino realizadas en cada década, bajo el supuesto de cambios en la localización de la población y su densidad, por sobre las formas de desplazarnos.
Una revisión de proyecciones futuras en diferentes ámbitos, muestra una tendencia clara a complementar esos modelos con la construcción de escenarios. El esfuerzo ya no es sectorial sino social, las variables que influyen en la vida de las personas son múltiples y complejas. Y el rol del transporte cambia, en especial desde la gestión pública.
El futuro
Para el interés de este artículo, he seleccionado una publicación que da cuenta de esta forma de anticipar las necesidades de las personas y del mundo. El Institute for the Future[1] es una de ellas, que recomiendo seguir por lo innovador (y provocador) de su enfoque respecto al curso de las cosas en las siguientes décadas. A través de una combinación de miradas técnicas, sociales y políticas, anticipan diagnósticos sobre ámbitos tan diversos como las formas de gobernar los países o las tendencias del trabajo, o la manera en que jugarán los niños en las décadas siguientes. Un atributo que lo hace muy atractivo es la capacidad de elaborar diagramas sencillos y didácticos, que funcionan de manera eficaz como mapas del futuro.
Especialmente interesante para este texto es su análisis de anticipación para el transporte público en 2032[2]. No es el futuro lejano, es un plazo que, de mantenernos sanos, alcanzaremos a vivir pronto, y para el que debemos prepararnos como usuarios y también como generadores de políticas públicas. El siguiente diagrama refleja esa visión, elaborada a partir de la caracterización de tendencias predominantes que describen como escenarios.
Figura 1. Diagrama del transporte público en 2032: la ruta de transformación (IFTF, 2025)

A través de un proyecto elaborado desde 2022 para la autoridad de transporte de la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, desarrollaron una ruta que nos lleva a 2032 mediante una red de “líneas” y “estaciones”. Se trata de ejes de trabajo con sus respectivas etapas, necesarias para consolidar el sistema como un todo integrado. Entre los ejes se abordan aspectos tecnológicos, sociales, políticos, ambientales y económicos. Adicionalmente el trabajo describe cinco escenarios que deberán ser preparados, independientemente del lugar en que se desplieguen, puesto que constituyen tendencias válidas más allá del lugar de análisis, especialmente para los casos en que el transporte público es prioridad:
- Escenario 1. Sistemas de movilidad con mirada de mercado: Desde un bien público a la valoración privada. Se refiere a personalizar las soluciones y generar una respuesta desde la calidad del servicio, con el mismo énfasis con que proveedores privados activan esfuerzos de comunicación y diseño para atraer y mantener a sus respectivos usuarios. Se propone extraer valor económico de la posibilidad que genera la cobertura y plataforma del transporte público. Evidentemente es un desafío rupturista, pero es un hecho que la masividad y la posibilidad de comunicación personalizada con millones de viajeros, abre una oportunidad inexplorada. Implicaría, como consecuencia, elevar permanentemente el estándar en los servicios de transporte público y sus atributos complementarios (no solo el traslado, sino la información, la orientación, la creación de alternativas multimodales), para atraer a más personas y producir beneficios desde ese diseño.
- Escenario 2. Una nueva norma cívica: Desde prioridad del automóvil a prioridad en las personas. Aplica especialmente en ciudades en que el transporte privado ha crecido proporcionalmente más que el público. Los desafíos en este caso tienen que ver con el uso del espacio urbano cada vez más escaso, la valoración del tiempo y la disponibilidad de sistemas que facilitan la planificación multimodal de los viajes usando plataformas tecnológicas. Incluye reforzar mediante subsidios y mejorar aspectos como la seguridad y la infraestructura.
- Escenario 3. Centro en resiliencia: Infraestructura social para todos. Asigna al transporte público un rol central en la equidad territorial, la accesibilidad distribuida en forma armónica y la prevención en un escenario climático de riesgo y limitaciones a la circulación por razones diversas. Anclar las soluciones de transporte a estas necesidades abre otro ámbito que hasta ahora los sistemas han logrado cubrir sólo parcialmente. Implica un rol de compromiso para construir cohesión social.
- Escenario 4. Priorizar la cohesión social: Poner a todos los barrios en el mapa, activar un rol de los servicios para dinamizar áreas deterioradas, establecer protagonismo de los servicios, vehículos, infraestructura y aplicaciones, activando a todos los usuarios y combinando sistemas privados con públicos, con una mirada comunitaria. Al mismo tiempo analiza “barrios isla” que han preferido limitar el acceso del transporte público, reconfigurando la cobertura con una mirada de integración social urbana.
- Escenario 5. Incorporar regeneración: Las agencias públicas como organizaciones ambientales. Se refiere a asumir un rol activo en la reconversión tecnológica y el cuidado ambiental. Desde la política pública de transporte, fijar objetivos ambientales y materializarlos. Tomar un rol de liderazgo, no solo de cumplimiento de las normas sectoriales de cuidado del entorno.
Si revisamos la situación en Chile, los escenarios actúan en distinta forma en las áreas licitadas de las no licitadas y en particular, entre la región metropolitana y el resto de Chile. Sin embargo, estudios recientes muestran el enorme potencial del transporte público como un activo sobre el cual es posible construir e innovar. La Tabla 1 siguiente muestra las preferencias y frecuencias de viaje reportadas en una encuesta de panel con la participación de 81.000 personas de todo el país, según región y su caracterización socioeconómica[3].
Los resultados muestran, en efecto, que la prioridad de política pública que ha favorecido el transporte público en Chile, debería mantenerse, puesto que ha logrado contener en cierta medida el avance del automóvil particular, especialmente en áreas urbanas. Adicionalmente, y si volvemos a los escenarios descritos antes, la oportunidad de mejora, acción, innovación y desarrollo se asienta con claridad sobre la evidencia de uso mayoritario del transporte público en forma masiva. Más allá del beneficio ambiental que genera, existen pocas áreas de la economía en que el uso de un bien o servicio sea tan masivo y permanente. En tiempos de tecnología accesible, y de la opción real de microsegmentación a través de ella, surge con realismo el desafío de -al menos- explorar alternativas de nuevos beneficios, precisamente desde esa masividad y de la regularidad del uso, que configura una relación difícil de lograr en otras áreas de la economía. En resumen, el transporte público, a través de la tecnología, puede ser una “central de servicios” para sus usuarios.
Tabla 1. Uso de modos de transporte en Chile. Activa Research, 2025.

En la misma línea, cuando se revisa la encuesta el clasificación socioeconómica[4] elaborada por la Asociación de Investigadoras de Mercado, que muestra entre otras cosas el acceso a servicios de tecnología, se observa que el segmento de ingresos más bajos, usuarios permanentes del transporte público, muestra el mayor incremento entre 2017 y 2022, reforzando la viabilidad de comunicación digital intensiva con todos los grupos usuarios. La Figura 2 a continuación muestra esa evolución.
Figura 2. Comparativo de Educación, Ocupación, Acceso. AIM, 2023.

Si además de esto consideramos que el uso del transporte ocupa un lugar dominante en el patrón de consumo de las familias, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE[5], como lo muestra el gráfico de la Figura 3 a continuación, se configura un contexto en que la utilización del servicio, la disponibilidad de tecnología y la prioridad de uso, consolidan una base favorable para evolucionar. Es una nueva oportunidad para entregar servicios de calidad creciente, perfeccionando la comunicación y obteniendo beneficios del valor económico que se genera desde la red con los usuarios. Así, una autoridad de transporte moderna no sólo cumple su rol funcional tradicional, sino eleva su función e influencia tomando iniciativas que mejoran la vida en las ciudades, y diversifican los servicios a los viajeros.
Figura 3. Composición del gasto familiar por quintil. INE, 2022.

Hasta ahora la planificación del transporte público se ha orientado principalmente a mejorar los servicios desde la operación, cobertura, flota e instalaciones. En etapas más recientes se avanzó en masificar nuevas tecnologías de propulsión como la movilidad eléctrica, y en incorporar plataformas innovadoras de información y sistemas de pago.
Las cifras nos muestran que el avance de los últimos años, si bien requiere profundizarse y ampliarse a las demás regiones, no es suficiente. El posicionamiento del transporte público en la vida urbana, particularmente en Chile, donde aún tiene una participación importante en la movilidad, obliga a asumir un nuevo rol.
La conversación con los usuarios puede (y debería) ampliarse, en especial en los lugares en que se ha ganado aprobación y confianza. Es necesario que desde el sector público se tome conciencia del valor del activo administrado, que gracias a la tecnología digital, solo seguirá aumentando. Por una parte es necesario fortalecerlo, por otra, explotarlo en beneficio de las ciudades y las personas.
Aunque en este artículo hemos dado prioridad al transporte público, son numerosas las áreas en que la tecnología favorece la posibilidad de entregar mejores servicios de transporte desde lo funcional: optimización de rutas, servicios on-demand, y en general, mejorar lo que es su tarea propia.
El mayor desafío está en asumir nuevos roles desde nuevas oportunidades que la tecnología facilita. Y curiosamente, no todas esas oportunidades consisten en entregar mejor transporte, sino en acompañar a las personas y resolver necesidades desde la vinculación permanente que el transporte genera, desde la confianza alcanzada en los procesos de modernización y desde la información. Son activos no previstos, sobre los que ahora debemos trabajar.
[1] https://www.iftf.org/
[2] https://www.iftf.org/projects/building-future-ready-public-transportation/
[3] https://aimchile.cl/wp-content/uploads/2025/09/2025_-Informe_Los-chilenos-y-el-transporte_0828_V1.pdf
[4] https://aimchile.cl/wp-content/uploads/2025/06/Actualizacion-y-Manual-GSE-AIM-2023.pdf
[5] https://www.ine.gob.cl/docs/default-source/encuesta-de-presupuestos-familiares/publicaciones-y-anuarios/ix-epf-(octubre-2021—septiembre-2022)/sintesis-de-resultados-ix-epf.pdf?sfvrsn=7261d659_8